Un pacto para un crecimiento integrador

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Alicia Coronil, Directora de Economía del Círculo,  publica este artículo en el diario Expansión en el que reclama reformas para mejorar la empleabilidad, apoyar el emprendimiento y luchar contra la economía sumergida.

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Un Pacto para un crecimiento integrador

La Unión Europea, a lo largo de 2017, ha mostrado un crecimiento económico sincronizado y superior al previsto, al mismo tiempo que los resultados de las sucesivas convocatorias electorales siguen marcados por la fragmentación y la polarización en la que conviven desde la Gran Recesión las sociedades avanzadas. España no es una excepción. Desde finales de 2015 la incertidumbre política, medida por el índice de Baker, Bloom y Davis, se encuentra en niveles por encima de nuestra media histórica, con su consiguiente impacto negativo en la puesta en marcha de nuevas reformas estructurales. Una circunstancia que se ha visto agravada por la situación que afrontamos en Cataluña, que no hace sino restar esfuerzos para sentar las bases de un nuevo y necesario proyecto de país.

La reciente crisis económica que hemos afrontado y los problemas que persisten tras ella desdibujan nuestra memoria colectiva. Es tiempo de recuperarla, pues solo sabiendo de dónde venimos y a dónde vamos lograremos repetir otro periodo de modernización y de avance social.

El balance socioeconómico de España desde 1977 es el reflejo de un caso de éxito. La renta per cápita de los españoles en términos reales se ha duplicado. La incorporación de la mujer al mercado laboral es una realidad, la población activa femenina ha crecido de un 28% a un 53%. El modelo productivo se ha terciarizado, como en el resto de las economías avanzadas, concentrando el sector servicios el 75% del empleo (42% en 1977). Las exportaciones han aumentado de un 13,3% a un 33,1% del PIB, destacando el papel de las multinacionales españolas líderes a nivel mundial. Todo ello en un contexto en el que la integración al proyecto europeo impulsó la atracción de inversión extranjera y proporcionó una mayor estabilidad de precios y de tipos de interés. En conclusión, la economía española actual es sustancialmente más competitiva y abierta al mundo.

El balance socioeconómico de España desde 1977 es el reflejo de un caso de éxito Clic para tuitear

En el plano social, hemos logrado construir el Estado de Bienestar. En educación, el porcentaje de universitarios ha crecido de un 3,6% a un 28,2% de la población mayor de 16 años. El sistema sanitario por entonces fragmentado y desigual, se ha transformado en uno público, gratuito y de cobertura universal, ocupando el 9º puesto en el ranking de calidad a nivel global y el 1º por número de transplantes. Al mismo tiempo, sucesivas medidas garantizan en la actualidad el nivel de vida de nuestros pensionistas, especialmente con la creación de las pensiones no contributivas. Así, la aparición y el papel desempeñado por la clase media española ha permitido elevar el gasto social del 42% al 63% del gasto público total.

Sin embargo, la recuperación económica actual no será suficiente para resolver los problemas estructurales que nos aquejan, y recuperar la confianza en nuestras propias capacidades. Al elevado nivel de paro, especialmente de larga duración y juvenil, de endeudamiento y de economía sumergida, se une la ineficiencia de nuestro sistema educativo, el aumento de la desigualdad- debido especialmente al desempleo-, el envejecimiento de la población y el deterioro de la calidad institucional. Un entorno socioeconómico que se articula en un mundo en plena transformación, más multipolar, multicultural y fragmentado del que existía cuando España empezó esta andadura democrática.

Es necesario mirar hacia fuera y recuperar el impulso reformista Clic para tuitear

Por tanto, no solo es tiempo de hacer memoria, sino también de preparar el futuro. Para ello es necesario mirar hacia fuera y recuperar el impulso reformista, tomando como partida nuestras fortalezas. La España de 2017, además de sus ventajas geográficas y culturales y su pertenencia a la UE, está dotada de talento, de modernas infraestructuras, de empresas con presencia internacional y de una sociedad que durante la crisis ha mostrado su solidaridad. Todos ellos elementos esenciales que demuestran cómo podría ser una España posible si, retomando el debate, el consenso y el espíritu de cooperación, nos orientásemos a mejorar la calidad de nuestro sistema educativo, a impulsar la creación y el crecimiento del tejido empresarial español y a reducir el peso de la economía sumergida.

De acuerdo con los cálculos de nuestro estudio “Un pacto por un crecimiento integrador”, si hace una década, España hubiera consensuado una reforma educativa con una mayor orientación profesional y adaptación a los nuevos requerimientos demandados por las empresas, habríamos logrado reducir el elevado abandono escolar y converger a la media de la UE22 por nivel de estudios. Es decir, entre los jóvenes de 25 y 34 años habría 1.068.485 graduados más en FP de grado medio y un 7,4% menos de jóvenes desempleados. Al mismo tiempo, el número de personas entre 25 y 64 años en riesgo de exclusión caería en 831.823 (10,6% del total actual).

Si las reformas se hubieran hecho antes, España tendría superávit y un paro del 11,6% Clic para tuitear

Del mismo modo, si en 2013 hubiéramos diseñado una Ley de Emprendimiento similar a la de Francia (2009) y adoptado medidas para impulsar el crecimiento de las empresas españolas, hoy contaríamos con aproximadamente 350.000 empresas más con un mayor tamaño medio, aumentando el número de ocupados en 1.100.000, lo que representa una aportación al PIB nominal de 3,5%, que junto al propio ciclo económico colocarían la tasa de paro en el 11,6%.

Estas reformas, junto a una decidida lucha contra la economía sumergida apoyada en una mayor corresponsabilidad de los ciudadanos, habría permitido llevar el nivel de la economía sumergida a un 11,6% y aflorar 64.960 millones de euros.

En conjunto, las actuaciones en estos tres ámbitos nos habrían permitido contar con un superávit presupuestario del 1,76% y una renta per cápita de 27.373 euros. Es decir, la fotografía socioeconómica de España hoy sería diferente en términos de empleo, exclusión social y sostenibilidad del Estado de Bienestar. Hagámoslo posible; de todos depende construir una España mejor.

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