La educación es lo más urgente

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El Presidente del Círculo, Javier Vega de Seoane escribe esta Tribuna para el especial 37 Aniversario del Nuevo Lunes. En el artículo plantea cuestiones esenciales en materia de educación que necesitan ser abordadas y  contempladas con urgencia en  un Pacto por la Educación.

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LA EDUCACIÓN ES LO MÁS URGENTE

Son varios los pactos urgentes y necesarios que necesita este país para avanzar, pero, por delante de todos, está, en nuestra opinión, el de la Educación. Como señalamos en nuestro último Barómetro de los Círculos, los elevados niveles de fracaso escolar y paro juvenil, y los cambios en la concepción del empleo tradicional respecto a perfiles y habilidades profesionales, exigen una reforma educativa estable de largo plazo y mediante un Pacto de Estado consensuado. Nuestra educación debe tener como pilares esenciales el espíritu emprendedor, la ética, el mérito, el esfuerzo, la creatividad, las dotes de comunicación y el conocimiento de idiomas.

El futuro de nuestro país es el futuro de nuestros jóvenes y en estos momentos, ese futuro y la empleabilidad de nuestros jóvenes entre 15 y 24 años está seriamente comprometido como refleja el elevado desempleo juvenil en España que se sitúa en un 37,5 por ciento, muy por encima de la media europea que está en el 18,2. España, además, lidera la tasa de abandono escolar temprano (jóvenes entre 18 y 24 años) con un 19 por ciento, casi duplicando la media de la Unión Europea que se sitúa en el 10,7 por ciento.

Si bien se ha logrado reducir últimamente esta tasa de abandono escolar, nuestro sistema educativo continúa mostrándose ineficiente para alcanzar niveles similares a los de nuestros socios europeos, y en proporcionar los conocimientos, las capacidades, y las habilidades que demanda una economía más global y digitalizada.

La transformación digital está modificando y provocando la aparición de nuevos productos y nuevas formas de diseño, producción, distribución y acceso al conocimiento. Datos del World Economic Forum apuntan a que el 65 por ciento de los niños que inician actualmente sus estudios de educación primaria ocuparán puestos de trabajo que hoy en día no existen. Y los jóvenes que este año finalizan sus estudios tendrán que reciclarse entre 10 y 14 veces en su vida laboral, con la elevada capacidad de aprendizaje que eso conlleva.

Nuestro modelo educativo debe dar respuestas a estas nuevas necesidades con mayores dosis de innovación y creatividad. A nuestros jóvenes debemos formarles para que adquieran nuevas habilidades y competencias como el trabajo colaborativo y en equipo, la gestión del tiempo y la capacidad de buscar, filtrar y priorizar la información que les permitan adaptarse a un mercado de trabajo en cambio permanente.

Según la OCDE y hasta 2020, aproximadamente dos tercios de los puestos de trabajo que se generarán en la Unión Europea requerirán una titulación de Formación Profesional. La oferta educativa española tiene que hacer frente a este reto ya que en el caso de la FP dual su penetración es muy baja; de tan sólo un 3 por ciento frente al 60 por ciento de Alemania.

Habría que ofrecer asignaturas propias de la FP como optativas en la Educación Secundaria Obligatoria para fomentar esta opción educativa e impulsar la FP dual creando un sistema eficiente de becas y/o préstamos formativos con más recursos, y una mayor integración de las empresas en el sistema educativo. Estas tienen que involucrarse en la creación y adaptación de los contenidos educativos.

Tendríamos también que definir un marco regulatorio estándar común en todas las Comunidades Autónomas para facilitar la penetración de la FP dual en las grandes empresas, pero deberíamos tener también en cuenta a las pequeñas y medianas, con medidas de apoyo para aquellas que carezcan de la infraestructura y recursos necesarios para adoptarla, creando, por ejemplo, centros compartidos de formación.

Resulta imprescindible promover en todos los niveles educativos el espíritu emprendedor, el valor social del empresario, la responsabilidad social, la asunción del fracaso como parte del aprendizaje y una mayor formación económica y financiera. Tenemos también que fomentar la orientación profesional a los jóvenes de manera coordinada entre todos los actores implicados en su formación (centros, profesores, empresas y familias), e integrarla como asignatura en el contenido educativo obligatorio, como ya se viene haciendo en países como Alemania, Austria o Suiza.

Es importante, por otra parte, dignificar la labor de los profesores y reconocer la importancia de su función para mejorar la competitividad y el bienestar de la sociedad, estableciendo una remuneración variable que premie su dedicación y la calidad de su docencia. Y hay que invertir en su formación continua ante los nuevos requerimientos tecnológicos y profesionales del mercado.

Estas son, en nuestra opinión, algunas de las cuestiones esencial que debería contemplar un Pacto por la Educación que habría que abordar con carácter de urgencia.

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