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Jesús Sainz, Secretario General del Círculo de Empresarios advierte de que la mayoría de las empresas que han trasladado sus sedes desde Cataluña hacia otras regiones españolas no se instalarán de nuevo en territorio catalán, como sucedió en Quebec durante los años 80 y 90 a raíz de los referéndums sobre su independencia de Canadá.

Desafortunadamente, no regresarán

El 24 de diciembre de 2015 publiqué en EXPANSIÓN un artículo titulado “Quebec, una advertencia para Cataluña” (disponible aquí: http://circulodeempresarios.org/sala-de-prensa/quebec-unaadvertencia-para-cataluna/), en el que explicaba que la celebración en 1980 y 1995 en aquella provincia canadiense de dos referéndums legales para decidir sobre su independencia de Canadá tuvo un importante impacto negativo en términos de deterioro del PIB, deslocalización de empresas, reducción de la inversión, menor dinamismo en la creación de empleo, emigración de jóvenes con el consecuente envejecimiento de la población y menor capacidad para financiar el gasto público. En dicho artículo destacaba que Quebec era un buen ejemplo de las consecuencias negativas que el mero planteamiento de la secesión, aun cuando no llegue a materializarse, puede ocasionar en Cataluña. Finalizaba afirmando que, con el anuncio del referéndum, el daño ya estaba hecho.

Desgraciadamente el tiempo me ha dado la razón, como lo demuestra que desde 2012, año en el que el presidente Artur Mas inició el procés, la pérdida neta de empresas en Cataluña haya sido de 1.490. Pero aún más relevante es el cambio de domicilio social, y en la mayoría de los casos también del fiscal, por más de 1.200 empresas catalanas desde el 1 de octubre, día de la celebración del soi-disant referéndum.

El clima de incertidumbre y falta de seguridad jurídica en Cataluña podría perpetuarse Clic para tuitear

Algunos miembros del Gobierno catalán y destacadas figuras independentistas han tratado de minimizar el efecto de estas deslocalizaciones argumentando que en términos relativos es un porcentaje mínimo, concretamente el 2% de las 608.981 empresas registradas en Cataluña. Sin embargo, entre ellas se encuentran todas las instituciones financieras y un grupo relevante de grandes y medianas empresas, cuya capitalización bursátil supone cerca del 90% del total de las empresas catalanas que cotizan en Bolsa (Ibex 35, mercado continuo y MAB). Se estima que un 3,5% de estas 1.200 empresas (alrededor del 0,7% del total del tejido empresarial catalán) representan el 36,5% del PIB regional. Por otra parte, aproximadamente el 50 % del PIB industrial lo generan las multinacionales implantadas en Cataluña, y no sería de extrañar que muchas de ellas siguieran el ejemplo de estas empresas y optaran igualmente por deslocalizarse.

Efecto sede

Argumentan dichos independentistas que el traslado del domicilio social no conlleva el de las unidades productivas y los puestos de trabajo asociados. Efectivamente, Codorníu no va a trasladar sus bodegas de San Sadurní de Noya a Haro. Pero sí trasladará paulatinamente sus órganos de decisión y, con ellos, todos los directivos y sus equipos de trabajo, que precisan de empleo muy cualificado y desarrollan tareas de alto valor añadido, directamente o contratando servicios externos, como auditoría, consultoría, asesoramiento legal, tecnologías de la información, etc. El “efecto sede” generará un efecto arrastre sobre muchas empresas que vienen ya prestando este tipo de servicios a las entidades deslocalizadas, para estar cerca del lugar de la toma de decisiones por parte de sus clientes. Especialmente, en un mundo marcado por la globalización y la transformación digital, en el que es relevante trabajar en torno a un ecosistema.

Cataluña sufrirá un empobrecimiento relativo en comparación con el resto de España Clic para tuitear

Estos mismos políticos afirman que es una situación temporal y que la mayoría de esas empresas regresarán a Cataluña en los próximos años, una vez que se estabilice la situación política. Pues bien, también aquí nos puede servir de referencia el ejemplo de Quebec, a donde no regresaron los bancos ni las grandes empresas que se deslocalizaron en los años 80 y 90, pese a que desde 1995 no ha vuelto a celebrarse ningún nuevo referéndum y, obviamente, no se ha producido la independencia. Sin embargo, los datos macroeconómicos confirman un estancamiento de su economía si la comparamos con la del resto de Canadá, y particularmente con la provincia de Ontario, cuya capital es Toronto.

En los años 70 ambas provincias registraban ritmos de crecimiento y cifras de PIB similares. Sin embargo, el promedio de crecimiento econó- mico anual desde 1980 ha sido un 1,91% en Quebec y un 2,6% en Ontario. Este desfase ha producido un aumento del gap entre ambas provincias (ver gráfico): si bien en 1980 el PIB de Ontario era en torno a un 60% superior al de Quebec, actualmente la diferencia se ha ampliado hasta prácticamente duplicar su volumen. A su vez, se ha producido un retroceso del peso de la población de Quebec respecto al total nacional, de un 27% en 1980 a un 23% en 2016. Las instituciones financieras y grandes empresas que trasladaron su sede fuera de Quebec no regresaron a esta provincia. En parte debido a que sigue existiendo un partido político independentista, el Bloc Québécois, que en las últimas elecciones en 2015 registró un apoyo del 19,3 % de los votantes. Y también porque estas compañías que abandonaron Quebec se han localizado en otras provincias canadienses que garantizan la estabilidad política y la seguridad jurídica.

La situación política en Cataluña tardará en despejarse. De celebrarse en unos meses nuevas elecciones autonómicas, previsiblemente sus resultados compondrán un mapa parlamentario muy fragmentado que dificultará la gobernabilidad. Este clima de incertidumbre y de falta de seguridad jurídica podría perpetuarse durante años, por lo que se convertirá en definitivo el cambio de las sedes empresariales que se ha producido desde que se inició la deriva independentista. Desgraciadamente, preveo que Cataluña sufrirá, de forma similar a Quebec, un proceso de estancamiento y empobrecimiento relativo en comparación con el resto de España. Es incalculable el daño que unos pocos políticos irresponsables y carentes del mínimo seny van a causar a la población catalana y a sus futuras generaciones.

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