Entrevista a José María López de Letona y Núñez del Pino

José María López de Letona y Núñez del Pino (*)

fundador del Círculo de Empresarios

«Conseguimos sacar al empresariado de su desconcierto y que apostara por el futuro dentro de Europa» España tiene una deuda de gratitud con el fundador del Círculo de Empresarios, José María López de Letona y Núñez del Pino. Gracias a hombres como él, la Transición Democrática fue posible en nuestro país. Nos recibe en su emblemático despacho, donde hemos podido mantener una larguísima conversación recordando los acontecimientos de los últimos cuarenta años. Ha sobrepasado los 90 años pero sus recuerdos aún están frescos y sus reflexiones son una auténtica lección de historia. No podemos dejar de preguntarnos como habrían sucedido los acontecimientos si en lugar de Adolfo Suárez hubiera sido José María López de Letona el primer presidente del Gobierno de la monarquía como era el deseo del entonces Príncipe Juan Carlos de Borbón.

En la primavera de 1975 el decaimiento físico de Franco era tan patente que acentuaba la impresión de que tanto «las previsiones sucesorias» como la coronación como Rey del Príncipe don Juan Carlos se producirían antes de que acabara el año. Con tal certeza toda la llamada clase política, tanto de derechas como de izquierdas, empezó a posicionarse ante lo que pudiera suceder «el día después».

José María López de Letona había dejado dos años antes el Ministerio de Industria y estaba dedicado en cuerpo y alma a la empresa privada. Tal como nos cuenta, a finales de mayo de aquel año recibió la invitación a un almuerzo con un grupo de empresarios.

Fernando Herrero Tejedor, ministro y secretario general del Movimiento les había convocado para explicarles su punto de vista sobre las asociaciones políticas y su proyecto de crear una: “Unión del Pueblo Español”. «Nos pidió que nos integrásemos, pero yo rehusé su propuesta porque entendí que resultaba absolutamente insuficiente.

Estaba convencido de que había que afrontar una auténtica reforma de las estructuras del Régimen desde dentro».

En opinión de López de Letona, era evidente que España tenía que dotarse de estructuras democráticas semejantes a las existentes en los países de nuestro entorno. «Como miembro del Gobierno de Carrero Blanco era plenamente consciente de que para la plena integración de España en Europa tendríamos que tener un régimen democrático de corte europeo».

«Muchos empresarios partidarios de la economía de mercado pensábamos que era absolutamente necesario cambiar el Sindicato Vertical y estábamos convencidos de que la vieja estructura de representación que tenían empresarios y sindicatos tenía sus días contados. Después de cambiar unas primeras impresiones con distintos compañeros para comprobar si mis ideas podrían encontrar un cierto eco entre la clase empresarial, decidí entrevistarme con Manuel Conde Bandrés, presidente del Consejo Nacional de Empresarios, a quien expuse mi punto de vista».

-¿Qué va a pasar?, le pregunté, y su respuesta me dejó atónito.

-No te preocupes, José María –me respondió confiado-. No va a pasar nada, todo seguirá igual, tal vez algunos cambios, pero pocos.

-Mira Manolo, creo que estáis absolutamente confundidos, deberíamos prepararnos para el día después de la muerte de Franco».

Para entonces los comunistas, a través de Comisiones Obreras, y los socialistas, mediante la UGT, se estaban organizando dentro de las empresas. Sus dirigentes, Marcelino Camacho y en menor medida Nicolás Redondo, empezaban a tomar cierta relevancia pública. Sin embargo, los empresarios estaban desconcertados. Pensaban que con el Régimen les había ido bien y que eso no tenía por qué cambiar, lo cual era un grave error.

«Ante tal divergencia sobre lo que convenía hacer, me pareció que lo más práctico sería comenzar desde cero. Redacté un primer papel y lo discutí con las personas que tenía más próximas y que formaron conmigo el núcleo promotor del Círculo de Empresarios: José Luis Ballvé, Claudio Boada y Rafael del Pino». Ese papel, que tituló «100 E», contenía las líneas generales de su propuesta y en él se recogía la necesidad de constituir una nueva organización patronal para sustituiral viejo Consejo Nacional de Empresarios.

El «100 E» tenía como objetivo reunir a cien empresarios con mucho peso, con capacidad de liderazgo y, sobre todo, que compartieran las mismas inquietudes. «Cada uno de nosotros, en una operación boca-oreja, tendría que sumar adeptos a la nueva iniciativa, y así lo acordamos en las primeras reuniones que tuvimos en mis oficinas de la calle Velázquez 105 y en la casa de Ballvé».

«Desde el primer momento, la comisión gestora entendió que resultaba imprescindible contar con el empresariado catalán por su importancia en la economía española y, para ello, me puse al habla con Carlos Ferrer Salat, a quien conocía bien tanto de mi paso por la comisaría del Plan de Desarrollo como por mi etapa de ministro de Industria. Sabía que tenía un buen cartel en la sociedad barcelonesa y mucha influencia entre nuestros colegas catalanes. La sintonía fue total desde el primer momento. Fue él quien me dijo que existían otras iniciativas similares a la nuestra en Madrid, lideradas por Max Mazín y Agustín Rodríguez Sahagún, que posteriormente serían el núcleo fundacional de CEOE».

Fruto de aquella conversación decidieron trasladarse a Barcelona para celebrar una cena en casa de José Felipe Beltrán, a la que asistieron significados empresarios como Javier Godó, Rafael Ruiz Gallardón, Leopoldo Rodés, José María Juncadella, y Ramón Pintó, entre otros. «El éxito de la convocatoria, a la que yo asistí, fue total. Compartíamos las mismas ideas y estrategias. No podíamos esperar a que Franco muriese y se disolviera el movimiento sindical para comenzar a organizarnos».

La operación comenzó a dar los primeros frutos porque la iniciativa era acogida con inusitado interés. Así se sumaron Juan Miguel Antoñanzas, Jorge Valls, Ricardo Medem, Juan Arespacochaga, Lorenzo Marco Sarrió, Pedro Nieto y Juan Entrecanales, que, desde aquel momento, jugó un papel muy activo. Los grandes gestores empresariales cada vez eran más conscientes de que el tiempo se acababa: «El 27 de septiembre de aquel 1975 – recuerda López de Letona- habían tenido lugar las ejecuciones de cinco terroristas, dos de ETA y tres del FRAP, en cumplimiento de la sentencia dictada por un Consejo de Guerra y que no fué conmutada por Franco. Aquello provocó una durísima condena internacional contra el régimen franquista. El Régimen reaccionó convocando una gran manifestación ante el Palacio de Oriente el primero de octubre. Franco, que ya estaba muy debilitado, compareció ante una inmensa multitud. Los médicos le habían aconsejado que no asistiera, pero algunas personas muy influyentes de su entorno forzaron su presencia. Cincuenta días más tarde volvería a ver su rostro por última vez en su capilla ardiente». Durante el velatorio, Torcuato Fernandez Miranda, hombre de la absoluta confianza del Príncipe Juan Carlos y un peso pesado del Régimen, le dedicó unas palabras enigmáticas:

-¿Cómo estás, hombre importante? Tenemos que hablar…

-Cuando quieras.

-El viernes en mi casa a partir de medianoche. Te abrirá el portal mi mujer.

«Yo sabía algo para entonces. Un amigo muy cercano a don Juan Carlos me había avisado que el Príncipe le había encargado unas semanas antes, exactamente el 20 de octubre, que hablase conmigo para proponerme que fuese el presidente de su primer gobierno. Estaba buscando caras nuevas para romper las expectativas… por eso cuando me citó Torcuato con tanto misterio, ya estaba sobre aviso».

-El Príncipe quiere que seas el presidente de su primer gobierno
cuando sea coronado como Rey. Yo presidiré las Cortes y desde allí te
ayudaré en lo que pueda.

-No, Torcuato, déjame pensarlo…

-¡Ni hablar José María!, esta no es una petición, esta es una orden.

El propósito de don Juan Carlos no pudo convertirse en realidad porque los sectores más inmovilistas del régimen identificados con los «azules» o falangistas, entre los que estaba Carlos Arias Navarro, se opusieron radicalmente a que ningún aperturista identificado con los tecnócratas ocupase aquel cargo. Arias se negó a dimitir tras la muerte de Franco, y el Príncipe, convertido en Rey, no tuvo más remedio que confirmarle en el cargo para evitar un enfrentamiento con el sector más radical del Régimen. Todo aquello cambió el rumbo de la historia.

Mientras tanto el proyecto «100 E» seguía ganando adeptos. La muerte del general Franco terminó por convencer a los pocos que aún no tenían las cosas claras que debían organizarse. La existencia de un núcleo empresarial distinto en torno a Max Mazín y Rodriguez Sahagún para fundar la CEOE de acuerdo con Carlos Ferrer Salat, planteó la conveniencia de que hubiese dos patronales: «Nos pareció que no sería una mala cosa que hubiera más de un intento con propósitos similares y comenzamos a examinar las dos alternativas que se nos presentaban: la primera era fusionar las dos propuestas y una segunda consistía en dejar a Max Mazin la responsabilidad de poner en marcha la nueva patronal y centrar nuestra asociación en la defensa de las ideas, básicamente la libre iniciativa de una economía de mercado y la defensa ante la Administración de los intereses económicos y sociales de la empresa».

El 5 de julio de 1976 Adolfo Suárez juró su cargo de Presidente de Gobierno. Para entonces José María López de Letona había perdido el apoyo de Torcuato Fernández Miranda, que ya ocupaba el cargo de Presidente de las Cortes. «Torcuato sabía que yo me había reunido con Laureano López Rodó, (por cierto, a petición de este último), a quien se consideraba la cabeza visible de los «tecnócratas» y que había sido el artífice del Plan de Desarrollo que sacó a España de la autarquía. Yo tenía mucha relación con Laureano por haber sido parte de su equipo en el “Plan” antes de mi paso por Industria. Torcuato pensó que estábamos conspirando para desplazarle del poder, lo cual era absolutamente incierto. Ese, junto con la dificultad para que don Juan Carlos impusiera sus preferencias en las Cortes y en el Gobierno, fue el motivo por el que convenció al Rey de que Suárez sería mejor candidato que yo, dado que él era secretario general del Movimiento y despertaba menos recelos entre los falangistas. Para nadie era un secreto que yo defendía democratizar el país para integrarnos de pleno derecho en Europa, que es lo que creía que mas convenía a España y era lo que realmente quería hacer el Rey».

Letona siguió adelante con su proyecto de transformar los «100 E» en un think tank, que al final sería el germen del Círculo de Empresarios: «Antes de comenzar las vacaciones del verano de 1976, nos reunimos algunos de los promotores y le hicimos llegar al nuevo presidente una nota sobre la grave situación económica que atravesaba España como consecuencia de la primera crisis del petróleo. En ese papel le decíamos lo que en nuestra opinión habría que afrontar sin más tardanza: un plan de ajuste como el que se había realizado en el 1959, con el fin de hacer la economía más competitiva para afrontar un nuevo proceso de liberalización, que era la única manera para lograr un nuevo ciclo de crecimiento. Unas semanas más tarde, en pleno mes de agosto, me llamó el ministro de Hacienda, Eduardo Carriles, y me dijo que el Presidente del Gobierno me recibiría al día siguiente para ofrecerme el cargo de Gobernador del Banco de España (y siempre he creído que lo hizo a sugerencia del Rey, aunque no tengo constancia de ello…).

Su nueva responsabilidad pública resultaba total y absolutamente incompatible con el proyecto de creación del Círculo de Empresarios: «Dejé la antorcha de nuestro proyecto en manos del núcleo promotor que, a la vuelta de verano, nombró a una comisión gestora que presidió Santiago Foncillas. Pero me dio tiempo a presentar, el 6 de noviembre de 1976 en el Ministerio de la Gobernación, la solicitud, firmada por 50 miembros, para la constitución de una Asociación al amparo de la ley 24 de diciembre de 1964. Cinco meses después, el 31 de Marzo de 1977 ésta fue autorizada con el nombre de Círculo de Empresarios. Nuestro proyecto había alcanzado la cima. Al dejar el Banco de España volví al Círculo y durante 30 años he sido miembro de sus Juntas Directivas. Mis compañeros tuvieron la deferencia de nombrarme Presidente Fundador y junto con los Presidentes de Honor del Círculo (los ex-Presidentes) he participado activamente siempre de la vida de la organización. Hoy treinta y seis años después, quiero rendir un recuerdo de gratitud y cariño a todos aquellos amigos que lo hicieron posible. Entre todos conseguimos sacar al empresariado de su desconcierto y que apostara por un futuro dentro de Europa. Esa fué nuestra gran aportación».

(*) Fallecido el 3 de julio de 2018

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Entrevista publicada en el libro Círculo de Empresarios. 35 años de contribución a la sociedad española



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