Entrevista a Claudio Boada Pallerés, quinto presidente del Círculo (2004-2012)

Claudio Boada Socio del Círculo de Empresarios

Claudio Boada Pallerés

«Criticamos a Zapatero porque muchos vimos llegar el tsunami, excepto el Gobierno»

Claudio Boada llega a la presidencia del Círculo de Empresarios en uno de los momentos más convulsos para la Historia de España. Contra todo pronóstico el candidato socialista, José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones al candidato del PP, Mariano Rajoy, a quien Aznar había dejado como sucesor con las encuestas dándole mayoría absoluta. El acontecimiento que cambió el rumbo de la historia fue el atentado del 11-M en Atocha, el más grave registrado hasta entonces. El nuevo presidente del Gobierno no estaba preparado para asumir su responsabilidad, tal como había reconocido unos días antes de las elecciones su consejero áulico, Miguel Sebastián.

Con la llegada de Claudio Boada Pallerés a la presidencia se visualizó el cambio generacional que se estaba produciendo en la empresa española. Los gestores como Rafael Del Pino o José Manuel Entrecanales habían tomado el relevo a sus padres. Aquello solo era el principio de un cambio generacional que se prolongaría en años sucesivos. «Yo llevaba casi quince años en el Círculo -nos comenta Boada- antes de que me eligieran como presidente. Cuando tomé el testigo eran momentos muy complicados. Había dejado la presidencia de Lehman Brothers en 2006 tras 16 años, y me hacía una enorme ilusión hacerme cargo de aquella asociación que mi padre había ayudado a crear. Lo cierto es que me llevó más tiempo y preocupación de lo que pensaba, como me había anticipado mi predecesor».

Cuando se superó el shock del terrible atentado, se puso de manifiesto que el presidente Rodríguez Zapatero había decidido relegar la política económica a un segundo plano y dar prioridad a los llamados derechos sociales. La política reformista, que de alguna manera se había mantenido desde el inicio de la democracia quedó interrumpida. Para el nuevo presidente no resultaba prioritario. «Nosotros desde el Círculo criticamos esa forma de gobernar, porque entendíamos que esas políticas eran erróneas, como se demostró 10 años después. El equilibrio presupuestario no se logró gracias a la contención de los gastos, sino al incremento de los ingresos que producía, entre otros, la burbuja inmobiliaria. Nuestro endeudamiento con el exterior crecía sin parar. La política de inmigración era una locura y el modelo de crecimiento era claramente un error. Canalizar el ahorro hacia la construcción y los servicios fue persistir en el error. España se desindustrializó, y la industria pasó de representar el 35 por ciento del PIB en los años setenta a menos del 15 por ciento ahora. Lo mismo sucedió en el mercado laboral. Se había creado mucho empleo, bajando la tasa de paro por debajo del 8 por ciento, pero a costa de crear trabajos con bajísimo valor añadido. Traíamos a los inmigrantes para hacer el trabajo que no querían hacer los españoles, mientras nuestros jóvenes mejor preparados se veían forzados a marcharse en busca de oportunidades».

La burbuja inmobiliaria, que ya había sido anunciada durante la etapa de Aznar por el gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, continuó creciendo sin que nadie se atreviera a ponerle remedio. Pronto se puso de manifiesto que Pedro Solbes, que había sido un buen ministro de Economía en el último gobierno de Felipe González, y a quien se considera un funcionario íntegro, no mandaba. El presidente Zapatero le puenteaba continuamente fiándose más de Miguel Sebastián, jefe de la Oficina Presupuestaria. Pero el vicepresidente en lugar de dimitir aceptó continuar, aplicando una política errónea.

Por entonces España recibía grandes aportaciones de la UE a través de los fondos estructurales, los tipos de interés estaban en mínimos históricos y la prima de riesgo era inferior a la alemana. El precio del petróleo estaba moderado y la llegada masiva de inmigrantes había disparado el consumo interno. Esto permitió que el crecimiento de la economía española se mantuviera por encima del 3´5 por ciento de media. La burbuja inmobiliaria supuso un fuerte incremento de la recaudación fiscal, lo que animó al gobierno Zapatero a ampliar el estado de bienestar, con la ley de dependencia por ejemplo, comprometiendo elevadísimos gastos a medio plazo. «Aquello era como construir el edificio del estado de bienestar sobre arenas movedizas. Los gastos eran estructurales, mientras que los ingresos eran coyunturales. Por tanto, cuando explotara la burbuja inmobiliaria, todo ese montaje se vendría abajo como un castillo de naipes. Nosotros, al igual que otras instituciones, vimos que venía el tsunami y lo advertimos. Pero aquello no le gustó al gobierno, que negó la crisis hasta que le estalló ».

Para Claudio Boada, esto explica que la crisis financiera aunque en parte provenía del exterior se cebara con España, porque nuestros dirigentes no habían tenido la prudencia de gestionar la economía para enfrentarse a un mundo globalizado. Como consecuencia de ello, la crisis financiera de 2007 fue la más grave y profunda que ha sufrido España desde el crack de 1929. Las reformas que se adoptaron, forzadas por los acontecimientos resultaron tibias y tardías. «Posteriormente, cuando Mariano Rajoy llegó a La Moncloa en 2011 con una aplastante mayoría absoluta y un PSOE desfondado, el gobierno tuvo una oportunidad de oro para abordar las reformas que estaban embalsadas desde hacía décadas y no la aprovechó suficientemente. Muchos quedamos decepcionados al ver que se priorizaban los temas políticos a los económicos. En una situación de emergencia como esa el gobierno tendría que haber sido más técnico que político, lo cual no ha sido así. Me sorprendió que el PP, sabiendo que iba a gobernar no se hubiera preparado mejor para tomar el relevo. Pese a todo, España tiene una enorme potencialidad y saldrá de esta crisis reforzada en la medida en que las empresas que han resistido a la crisis se han hecho más eficientes».

La sucesión de errores que cometió Rodríguez Zapatero brindó al Círculo la oportunidad de lucirse. Volvió a ser un punto de referencia, dada su discrepancia con el «España va bien» que heredó Zapatero de Aznar quien había dicho: «el milagro económico soy yo». En ese escenario el Círculo volvió a insistir en la necesidad de reformar las pensiones -si bien desde un planteamiento más realista y pragmático que en años anteriores cuando propuso privatizar la Seguridad Social, dejando como actividad pública tan solo las pensiones no contributivas o asistenciales.

También se presentó un informe sobre la urgente necesidad de reducir el gasto autonómico y racionalizar la burocracia. Hicieron especial hincapié en la reforma educativa, donde se puso de manifiesto que la Universidad no estaba respondiendo a las necesidades productivas del país. Los estudiantes pasaron de pagar el 25 por ciento de los costes hasta algo menos del 15 por ciento. La gratuidad, la burocratización de sus estructuras y la falta de competencia explican que ninguna universidad española esté entre las cien primeras del mundo. Por el contrario, las escuelas de negocios, que se regían por un sistema de libre empresa se encuentran entre las más prestigiosas.

En aquellos años de autocomplacencia económica por parte del gobierno Zapatero, en que el paro descendió por vez primera de la barrera psicológica del 8 por ciento, cualquier tipo de crítica se rechazaba sistemáticamente. El Ejecutivo entendía que no era necesario hacer nada, ya que según afirmaban, teníamos “el sistema financiero más saneado del mundo”: «Recuerdo una visita al Círculo de Miguel Sebastián, cuando era Director de la Oficina Económica de Moncloa, que resultó penosa. Consideraban la postura del Círculo excesivamente crítica y nos decía que éramos beligerantes porque preferíamos al PP. Nosotros le respondimos que estaba claro que nos gustaban más los planteamientos de un partido liberal dispuesto a corregir el excesivo crecimiento del gasto público que se estaba produciendo con el desarrollo de un estado de bienestar que no era sostenible, y lo mismo sucedía con el fuerte desarrollo del sector público y la burocracia que había surgido con las comunidades autonómicas y la expansión de las empresas ligadas a las administraciones territoriales».

“Aquellas relaciones nada tenían que ver con las que el Círculo había mantenido con los gobiernos de Felipe González, de Leopoldo Calvo Sotelo o de Jose María Aznar, cuando se había producido una colaboración con el propósito de mejorar el país, y eso permitía que aceptaran nuestras críticas. En el gobierno socialista solo éramos escuchados por Jordi Sevilla y Ramón Jáuregui”.

«El gobierno Zapatero convirtió a los adversarios en enemigos. Con Pedro Solbes manteníamos un trato cordial, pero la situación cambió radicalmente cuando fue sustituido por Elena Salgado. Zapatero ha sido el único presidente de la democracia española que se ha negado a recibir al Círculo de Empresarios siendo Presidente del Gobierno. Sí vino a presentar su programa antes de las elecciones de 2004. Habíamos pisado tantos callos que no estaban dispuestos a darnos tregua. Pese a todo, nosotros mantuvimos nuestras críticas porque entendemos que muchas de nuestras demandas siguen vigentes, como es el caso de las reformas del sistema de pensiones, y no sólo de algunos de sus parámetros, y de las reformas educativa, fiscal, del suelo, del agua, de la Justicia… ».

La primera legislatura del gobierno Zapatero estuvo marcada por la alianza con IU y ERC, el llamado tripartito, que les aseguró el poder a cambio de fuertes concesiones. Zapatero se lanzó a una política de negociación con ETA, que quedó muy dañada tras el atentado en la T4 de Barajas. Asimismo reabrió la polémica sobre la financiación autonómica al prometer a Cataluña un nuevo Estatuto que respetaría lo que acordase el parlamento catalán. En ese momento sembró la semilla de la segregación de Cataluña, que estallaría unos años más tarde al reducirse las aportaciones del Estado a causa de la crisis. «Probablemente a Aznar le faltó mano izquierda con Cataluña, pero seguro que Zapatero fue demasiado lejos y cometió muchos errores».

En aquel contexto, en febrero de 2007 José María Cuevas abandonó la presidencia de CEOE, dejando como sucesor a Gerardo Díaz Ferrán. «España perdía competitividad en todos los frentes, y así lo reflejamos en todos nuestros documentos. La CEOE y los sindicatos buscaban la concertación social, y nosotros insistíamos en la necesidad de retomar la política reformista. Esa discrepancia obedecía al hecho de que la CEOE era una patronal y necesariamente se había posicionado más cerca de los postulados del Gobierno. Por el contrario, el Círculo era un centro de reflexión y consecuentemente éramos más críticos».

En agosto de 2007 estalló en Estados Unidos el escándalo de las «hipotecas basura» (subprime). Pocas semanas después comenzaron a producirse las primeras quiebras financieras. Tras el verano Zapatero anunció la convocatoria de elecciones generales y el debate se centró en la crisis económica. En un memorable debate electoral, Pedro Solbes negó con rotundidad que estuviéramos ante un tsunami y lo limitó a una tormenta de verano. Por el contrario, Manuel Pizarro en representación del PP estuvo acertado e insistió en la amenaza que se cernía sobre la economía. Los populares perdieron el debate y las elecciones. La sociedad no quería recibir malas noticias. Zapatero ganó con holgura los comicios.

Pero seis meses después tuvo que reconocer que la situación era mucho peor de lo que había previsto. La crisis se había instalado en España sin que se hubieran adoptado medidas preventivas por un exceso de confianza: «Nosotros nos convertimos en una de las conciencias críticas y aquello no gustó al Gobierno. Es verdad que llovía sobre mojado y ya en la etapa de Espinosa de los Monteros habíamos sido especialmente beligerantes con los políticos. Recuerdo que hicimos un estudio sobre el agua planteando el debate que existía entre los partidarios de los trasvases y quienes pedían la instalación de desaladoras. Aquel problema técnico se había convertido en un problema ideológico, lo cual era absurdo. Los debates en la mayor parte de las ocasiones se plantearon con un dogmatismo talibán, en lugar de abordarlos con un criterio racional. Un ejemplo muy claro fue cuando se planteó el cierre de la central nuclear de Garoña…, por no hablar de la reforma laboral o de pensiones. Fue un gobierno que pecó de soberbia y también de incompetencia».

Eso no evitó que la «burbuja inmobiliaria» estallase con toda su virulencia. El 12 de mayo de 2010 Zapatero vivió la peor pesadilla de su carrera política. España estaba al borde del credit crunch y la única forma de evitarlo era que el Gobierno aceptase el mayor ajuste social de la democracia: «Ese era el precio que teníamos que pagar los españoles por no habernos sabido gobernar correctamente. Si hubiéramos pinchado la burbuja inmobiliaria y de crédito a tiempo, otro gallo nos habría cantado. Al no hacerlo nos estalló entre las manos. Cuando echo la vista atrás me duele pensar que la situación actual podría haberse evitado en gran medida, pero la soberbia y la ceguera de los políticos entonces les hizo ignorar la crisis que se cernía sobre España y de la que nosotros, entre otros, les habíamos advertido reiteradamente».

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Entrevista publicada en el libro Círculo de Empresarios. 35 años de contribución a la sociedad española



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