MUJERES, SÍ. MADRES, ¿NO?

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Artículo publicado en Expansión

Nuria Chinchilla es profesora del IESE Business School

Esther Jiménez es gerente del ICWF de IESE

¿Piensa tener hijos? Es la pregunta que escucha con más frecuencia una mujer joven cuando solicita un empleo.
Si la respuesta es afirmativa, es bastante probable que no obtenga ese trabajo, más aún si la mujer en cuestión tiene ya algún hijo a su cargo. La dificultad de encajar la maternidad con el trabajo fuera del hogar exige que las mujeres opten, bien por priorizar su vida profesional a su vida familiar hasta el extremo de renunciar a ella, o bien por no aceptar promociones laborales si ello supone reducir su dedicación al cuida­do de sus hijos.

Esta es la realidad que viven muchas mujeres que quieren formar una familia en el siglo XXI en España, realidad que choca con la necesidad que tiene la sociedad de fomentar la natalidad, inmersa en un invierno demográfico de consecuencias incalculables en un futuro inmediato.

Mónica de Oriol ha sacado adelante a sus seis hijos sin dejar de lado su vida profesional. Como la mayoría de las mujeres defiende su derecho a compatibilizar su trabajo profesio­nal con su dedicación a la familia, tendencia que también se da en muchos hombres jóvenes, que quieren ser protagonistas de su vida familiar. Las palabras de Oriol en la XXV Asamblea Plenaria del CEAL ponen el dedo en la llaga: el efecto perverso que la excesiva regulación tiene sobre la trayectoria de la mujeren la empresa. Su intervención puso de manifiesto las barreras que levanta el exceso de rigidez normativa frente a la solución real: potenciar y favorecer la flexibilidad en la em­presa.

¿Por qué han causado tanto revuelo sus palabras? Bacon decía que una vez que se ha adoptado una opinión acerca de algo, son muchos los que recogen sólo la información que la confirma, y rechazan o ignoran la demostración de lo contra­rio. Aunque la evidencia de los datos sea abrumadora, se sien­ten seguros controlando, regulando, sistematizando, en defi­nitiva, uniformando.

En este caso no se ha entrado en el fondo de la cuestión. Sólo se ha repetido una frase fuera de contexto sobre la dificultad de contratar a mujeres entre 25 y 45 años por causa de su poten­cial maternidad. Y es que los contratos a tiempo parcial para el cuidado de los hijos menores suponen en la práctica un «blindaje» de 11 años. El puesto de trabajo de la madre se desvincula así de su rendimiento profesional, sin posibilidad de despido. Esta ley buenista supone un boomerang para las mujeres, ya que expulsa a muchas de ellas del mercado laboral.

Integración

La «protección«de la madre requiere reivindicar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, en el trabajo y en la vida familiar. Hay que primar y potenciar el talento, eliminando obstáculos para que puedan avanzar las personas más capacitadas -mujeres y hombres-, facilitando la integración de su vida profesional, personal y familiar. Habría que mirar hacia países más avanzados en Derecho Laboral como Holanda, donde tanto hombres como mujeres pueden flexibilizar su jornada por diversas necesidades. La flexibi­lidad supone adaptar los sistemas, los estilos de dirección y la cultura de la empresa a las necesidades de las personas. Un modo de ver la empresa más allá del necesario beneficio económico. Para aquellas empresas que sólo ven el corto plazo, la flexibilidad es un proble­ma, porque no son capaces de ver el lucro ce­sante, lo que se deja de ganar por no contar con el compromiso de sus empleados, algo que va más allá de derechos y obligaciones.

Las políticas más progresistas son las que ponen en el centro a la familia. Las empresas más sostenibles dirigen por objetivos -no por presentismo-, están convencidas de que suprimera responsabilidad es con las personas que en ella traba­jan, y que su primera responsabilidad social es con las familias de sus empleados.

La Administración Pública debería impulsar una nueva le­gislación y apoyar a las empresas con Responsabilidad Familiar Corporativa (que apliquen flexibilidad de horarios, de jornada, el teletrabajo, las guarderías…), favoreciendo la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, lo cual conlleva una mayor productividad. Así, además, las personas trabajadoras podrían tener los hijos que desean y la tasa de natalidad llegaría hasta el necesario reemplazo generacional.

Artículo publicado en ExpansiónMujeres, sí. Madres, ¿no?, por Nuria Chinchilla, Esther Jiménez, en Expansión



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