La empresa, centro de las estrategias del crecimiento

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Publicado en El Nuevo Lunes

Mónica de Oriol (Presidente Círculo de Empresarios)

La economía española ha experimentado tres grandes crisis desde la reinstauración de la democracia. La primera de ellas coincidió en el tiempo con la transición política y la entrada de España en la Unión Europea, que tuvo lugar en 1986. La segunda, a su vez, fue parte de la crisis del sistema monetario europeo entre 1992 y 1994. La tercera, y más grave, es la actual. Para salir de las dos primeras crisis, España pudo contar con impulsos externos específicos de cada momento. En la primera resultaron de gran ayuda los fondos europeos, que empezaron a llegar a partir de 1986, y la instalación de multinacionales en España aprovechando los bajos costes laborales, la cualificación de la mano de obra y entrada en la UE. La salida de la segunda coincidió con un fuerte incremento de los fondos europeos percibidos por España para financiar la modernización de su red de infraestructuras y el desarrollo de la mayor parte del territorio, así como con las fuertes entradas de capitales que se registraron en cuanto se restauró la credibilidad de la economía mediante el cumplimiento de los criterios de convergencia para acceder al euro. En la crisis actual, sin embargo, no se podrá contar con el concurso de estas fuerzas. España ya culminó el proceso de convergencia con la UE y, por tanto, ya no recibe, ni mucho menos, tanto dinero. Además, y a diferencia de las dos crisis anteriores, ahora no se puede devaluar la moneda. En consecuencia, la salida de esta crisis requiere, sobre todo, de grandes esfuerzos en el plano interno para superarla.

La economía española, no obstante, cuenta aún con fortalezas destacables en las que puede y debe apoyarse para volver a atraer inversión extranjera y para articular una estrategia de crecimiento económico de largo plazo. España, en primer término, es un país democrático y relativamente próspero, con una renta per cápita de 23.063 euros en 2011, tan solo un 6% por debajo de la media de la UE (24.486 euros), según datos del INE. La economía española está integrada en la economía global, pertenece a la Unión Europea y a la zona euro y es una de las más abiertas de entre las de la OCDE a los flujos internacionales de bienes, servicios y capitales, con un grado de apertura del 56,6%, frente a un promedio de la OCDE del 55,1%. Asimismo cuenta con un importante y muy moderno stock de infraestructuras y con una mano de obra bien cualificada, en especial, con una capacitación entre los directivos de entre las más altas del mundo. En circunstancias normales, el crédito bancario a las empresas es fluido y el nivel de bancarización de la población es alto. Por último, el idioma común con Latinoamérica y los lazos culturales y económicos con ella constituyen importantes activos a tener en cuenta. Para poder sacar el máximo partido a estas ventajas es preciso articular un conjunto de medidas de saneamiento económico, en especial de cara a reducir el crecimiento de la deuda pública con el fin de ganar credibilidad y reducir la prima de riesgo. Ello implica la reducción del déficit público, que resulta del todo punto necesaria para la empresa pueda contar con recursos suficientes, y a un coste más bajo, para financiar sus actividades. Detrás de todo esto subyace la idea de que la empresa debe ser el centro de cualquier estrategia de crecimiento, porque es la empresa quien tiene la capacidad de generar el empleo, la riqueza y el bienestar que precisa España. En consecuencia, la estrategia de crecimiento debe dar prioridad a la competitividad empresarial, en tanto en cuanto es la única forma de lograr un crecimiento económico sostenido a lo largo del tiempo. Desde esta perspectiva, las pequeñas y medianas empresas, que representan, aproximadamente, el 90% del tejido empresarial y el 75% del empleo, deben jugar un rol muy importante, por lo cual resulta necesario y urgente la adopción de medidas para que se recuperen y reasuman el papel que siempre han desempeñado en la creación de empleo. Por último, cualquier estrategia de crecimiento pasa, necesariamente, por dar un nuevo impulso a la internacionalización de la empresa española, aprovechando las ventajas de la pertenencia de España a la Unión Europea y a la zona euro; los lazos económicos, culturales y lingüísticos con Latinoamérica y las lecciones aprendidas desde el inicio del proceso de internacionalización a comienzos de la década de los noventa para buscar nuevas oportunidades de negocio tanto en los mercados desarrollados como en las economías emergentes.



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