Amancio Ortega irrumpe en el sistema sanitario

Johnde ZuluetaJohn de Zulueta es Presidente del Comité de Sanidad del Círculo de Empresarios

Artículo publicado en Expansión

Durante estos días hemos rememorado que hace 40 años los españoles iniciamos nuestra historia democrática moderna. Al mirar hacia ese pasado tan próximo para algunos, somos conscientes de que hemos dejado atrás un país marcado por grandes carencias sociales. En concreto, desde 1977 hemos logrado convertir un sistema sanitario fragmentado y desigual en uno público y de cobertura casi universal. Numerosos han sido los pasos desarrollados para lograrlo como la creación del Ministerio de Sanidad en el primer gobierno de la UCD, la implantación del MIR a partir de 1978, o la aprobación de la Ley General de Sanidad en 1986, estableciendo su financiación a través de impuestos.

Su avance y calidad no solo se refleja en la salud de los españoles, con la segunda mayor esperanza de vida del mundo, sino también por su prestigio y reconocimiento internacional. Hoy, según un estudio desarrollado por la reconocida revista médica británica The Lancet, el sistema sanitario español es el octavo mejor del mundo tanto por su accesibilidad como por la calidad del servicio en 19 diferentes tipos de patologías y enfermedades. A su vez, España es la única de las cinco grandes economías de la UE que se encuentra en el top 10 del Healthcare Access and Quality Index, desarrollado por la publicación. Por detrás quedan Italia, que ocupa la posición 12, Francia (15), Alemania (20) y Reino Unido (30).

Sin embargo, no podemos negar que la sanidad española afronta retos a corto y largo plazo, principalmente vinculados al envejecimiento que experimenta nuestra población. Nuestro sistema se diseñó en una época marcada por el baby boom, para dar respuestas a enfermedades agudas. El crecimiento de nuestra edad media, explicada por una menor natalidad y una mayor longevidad, va asociado al incremento de enfermedades crónicas a las que dar respuesta. Las personas entre 65 y 74 años padecen un promedio de 2,8 de este tipo de patologías, cifra que se eleva a 3,2 a partir de los 75 años.

A esta circunstancia se une el crecimiento de los casos de cáncer en España, que ya superan las estimaciones realizadas para 2020. Según el último informe de la Sociedad Española de Oncología en 2015 se registraron 247.771 nuevos tumores, cifra que sobrepasa en más de mil veces las previsiones según nuestra evolución demográfica. A pesar de que el porcentaje de curación es alto, en la actualidad uno de cada tres pacientes que necesitan un tratamiento de radioterapia no lo recibe por falta de equipos de aceleradores lineales o de oncólogos especialistas.

Según los datos de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica, en nuestro país son 45.000 los pacientes que sufren esta situación al no cumplirse las recomendaciones europeas, que fijan 7 equipos y 20 oncólogos radioterápicos por millón de habitantes. Asimismo, tras analizar 117 servicios de oncología radioterápica en centros públicos y privados, el informe pone de manifiesto que uno de cada tres equipos ha quedado obsoleto al tener más de 10 años de antigüedad. Paliar esta realidad y converger con los estándares europeos requiere de una inversión inicial estimada de 200 millones de euros.

Ante estos hechos, no se entienden las críticas que ha recibido la Fundación Amancio Ortega al anunciar que donará 320 millones de euros para que los hospitales públicos de nuestro país adquieran más de 290 equipos de nueva generación para el diagnóstico y el tratamiento radioterápico del cáncer. Este tipo de acciones son claves para complementar o cubrir ámbitos donde la Administración carece de medios. Al ejemplo de Amancio Ortega se unen los de otras instituciones privadas y ciudadanos anónimos que realizan sus aportaciones en función de los recursos de los que disponen. Las más relevantes a escala global son las realizadas por la Fundación Bill y Melinda Gates. Sus ayudas que ascienden a 37.600 millones de dólares han contribuido a vacunar niños contra la polio y otras enfermedades en el continente africano y en la India. O la creación de la Iniciativa Chan Zuckerberg, dotada con el 99% de la fortuna del fundador de Facebook y su esposa, Dra. Priscilla Chan, destinando una parte a la lucha de enfermedades como el Ébola, el SIDA, el Zika, entre otras.

Por tanto, si deseamos mantener la eficiencia y calidad de nuestro sistema de sanidad, pieza clave del Estado de Bienestar, debemos dotarla de los medios necesarios dando mayor importancia a la colaboración público-privada. Ganamos fuerza entrelazando el sistema público con el sistema privado empresarial y el sistema privado sin ánimo de lucro. No vemos a ningún enfermo de cáncer criticando el regalo de Amancio Ortega. Todos desean recibir tratamiento con los aceleradores lineales de última generación que son más precisos con menos dosis de radiación. No perdemos el norte con críticas estériles contra un verdadero mecenas nacional. Que siga en la estela de los Gates y Zuckerberg/Chan.

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